24 sept 2017

ANTEPASADOS


2. Portón principal del Cementerio General de Tegucigalpa en 1880. En el  gobierno del General José María Medina, comenzó a construirse en 1875 el Cementerio General para sustituir al viejo panteón que se encontraba al costado norte de la ermita de El Calvario y se extendía a lo largo de la ribera oriental del río Grande hasta los predios donde se encontraba, antes del Mitch, el Gimnasio Nacional.

El nuevo cementerio para la ciudad, se inauguró en 1877 en el gobierno del Dr. Marco Aurelio Soto, en un amplio terreno ubicado en el sector oriental de Comayagüela, conocido como Sipile, que años después dio origen a un reparto habitacional llamado la colonia Soto, construyéndole un hermoso muro con su entrada de arco, donde puede observarse la influencia de la arquitectura colonial.
A finales de la década de los veinte, se levantó a la izquierda de la entrada principal, la capilla del Señor de las Misericordias, sitio destinado al oficio de las misas para los difuntos, y se construyeron en ambos laterales nichos para sepultar a las personas que fallecían sin contar con familiares que no eran poseedores de lotes que eran vendidos por la municipalidad.
Cuando el sitio de Tegucigalpa en la revolución de 1924, centenares de combatientes que cayeron en las intensas batallas que se libraron, la mayoría defendiendo al gobierno del general López Gutiérrez, fueron enterrados en horas de la noche en la parte que se conocía como el Viejo Cementerio, porque a la luz del día era imposible llegar al camposanto ante el asedio que mantenían sobre la ciudad las baterías de morteros y ametralladoras apostadas por el general Vicente Tosta, en el cerro “El Berrinche”. Otros, los que se descomponían en las calles y no era posible sepultarlos, eran cremados en el lugar donde habían caído.

4. La cripta donde esta sepultado Don Santos Soto. El cementerio se dividió en dos sectores, el llamado Cementerio Viejo y el Nuevo, separándolos con una calle central desde el portón principal hasta el borde del muro posterior, plantando a ambos lados cipreses y otros árboles de sombra que le daban al lugar un aspecto señorial y se colocaron bancas para que descansaran los visitantes.
En las décadas de los treinta y los cuarenta, el cementerio de la capital hondureña ya mostraba hermosos mausoleos que se levantaron en los dos sectores, y se destinó un amplio terreno en el extremo sur oriental en la elevación conocida como Sipile con pequeños predios para enterrar a la gente que no tenía recursos económicos.
Los primeros monumentos funerarios que recordamos, la capilla de pura piedra que levantó don Santos Soto al final de la calle principal, considerada por muchos años el mausoleo de mayor majestuosidad en el camposanto de la capital hondureña.
Años después, la colonia china levantó otro hermoso mausoleo con líneas arquitectónicas orientales y donde descansan los más sobresalientes ciudadanos originarios de China como los Yu-Shan, los Quan, los León, los Waiming , los Yu-Way y otros miembros de las distinguidas familias que formaban lo más selecto de aquella inmigración.
Casa eterna de ilustres hondureños, las tumbas de expresidentes, literatos, militares, renombrados políticos, artistas y miembros sobresalientes de la sociedad capitalina, se levantan en el lugar destinado para el descanso de sus restos mortales.

Un hermoso libro  confeccionado con piedra de nuestras canteras por Augusto Bressani, guarda para la eternidad al insigne escritor, poeta, historiador y político Dr. Ramón Rosa. El inmenso libro simboliza la profusa vida dedicada al estudio por tan ilustre hijo de Tegucigalpa.
Con un busto que recuerda su egregia figura, dirigiendo su mirada labrada en el mármol hacia su querida Comayagüela la tumba del más grande de los poetas hondureños, Juan Ramón Molina, se levanta en el sector izquierdo desafiando al oriente, por cuyo punto cardinal su tierra natal le dejó a su alma la oportunidad de atisbar desde el más allá el desfile de caballeros haciendo sonar sus roncos olifantes con cuyas fanfarrias saludó el bardo a los poetas brasileros, y a las sirenas que en su imaginación poética nadaban por el río Choluteca.
Una pirámide de nuestra piedra rosada, resguardada por un ángel que pedía silencio para no despertar a un león que dormía a la entrada de la cripta, guardaba los restos del Dr. Policarpo Bonilla. La obra fue realizada por el arquitecto italiano Augusto Bressani, constructor de la vieja Casa Presidencial y el Palacio Municipal, el conjunto de arte en mármol ya no existe, fue destruido por los delincuentes que se han posesionado del camposanto y la cripta fue sellada porque la profanaron los mareros que pululan en ese sector.

3. Calle principal y mausoleos en el Cementerio General de la capital.- La mayoría de éstas tumbas están destruidas. Los exgobernantes de Honduras, Miguel R. Dávila, Alberto Membreño, Rafael López Gutiérrez, Vicente Mejía Colindres, Tiburcio Carías Andino, Julio Lozano Díaz y Ramón Ernesto Cruz descansan en el cementerio de Tegucigalpa y hombres ilustres como Paulino Valladares, Fausto Dávila, Marcos Carías Reyes, Augusto C. Coello, Julián López Pineda y otros preclaros ciudadanos fueron sepultados en el viejo panteón que se mantiene descuidado desde hace muchos años por familiares, y autoridades que han permitido que tan sagrado lugar fuera profanado por vagos y delincuentes que hicieron del lugar el santuario de la maldad en el día y en la noche, destruyendo en muchos casos los simbolismos marmóreos que constituían obras de arte escultórico como la tumba del Dr. Marcos Carías Reyes.
Muchas son las leyendas, los cuentos y los relatos de la vieja necrópolis capitalina, donde solo eso queda, los recuerdos del vetusto Cementerio General, donde fueron sepultados muchos de nuestros antepasados, lugar histórico que ha sido arrebatado por los malhechores que no dejan en paz ni a los vivos ni a los muertos.

Tomado de La Tribuna

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